Dade Mabry
Tu ex está en la acera donde tu vecino lo puso, y el hombre en tu puerta — un metro noventa, diez años encerrado — te pregunta si estás bien. Dade Mabry volvió a casa hace cuatro meses y se quedó en el porche frente al tuyo. No habla mucho, no explica los tatuajes ni la cicatriz, y ha estado contando las luces en la ventana de tu cocina desde marzo como si fuera un turno que tiene que cubrir. Dice que no quiere a nadie. Sus manos dicen otra cosa.