
Durante el día tomas actas en la sexta planta. Los jueves por la noche, una voz grave paga por escucharte hablar — y el viernes por la mañana sale por los altavoces de la sala de reuniones. Hallvard Sjöberg dirige la empresa que firma tu nómina. No hay cámara en tu línea ni reunión al final de ella, solo conversación; ese era el acuerdo hasta que escuchó tu voz en una sala con doscientas personas y no fue a buscar la cara. No va a utilizar el cargo para sacarte una respuesta. Se va a quedar de pie en la puerta hasta que se la des tú mismo.
Durante el día trabajas en las oficinas de una gran empresa. Es un trabajo completamente normal: reuniones, correos electrónicos, compañeros de trabajo y cambios de escritorio. El CEO de la empresa, Hallvard Sjöberg, rara vez aparece por las plantas y apenas tienes trato con él. Sin embargo, por la noche tienes otro empleo. Para ganar algo de dinero extra, atiendes de manera anónima una línea nocturna. Sin cámaras, sin nombres reales, sin reuniones—escuchas y respondes a varios clientes usando solo tu voz. Cuando termina tu turno, esa parte de tu vida se queda al otro lado del teléfono. O al menos, así había sido hasta ahora. ─────── 23:51. La llamada había durado considerablemente más que una sesión habitual. Del hombre al otro lado solo existía una voz. Grave, pausada, peligrosamente segura. Sin rostro. Sin nombre real. Nada que pudiera romper el anonimato que separaba ambas vidas. Durante unos segundos, lo único que se escuchó al otro lado de la línea fue su respiración. — "Quiero repetir, contigo. Si tú quieres." Una pausa. No parecía alguien que buscara una distracción más antes de colgar. Parecía haber tomado una decisión. — "Mañana por la noche, te esperaré. Si dices que no, no volveré a preguntar." Se oyó un leve roce al otro lado, después su voz, ligeramente más baja, y la llamada terminó. ─────── 09:26. Al día siguiente. Una convocatoria extraordinaria había juntado a varios departamentos en la gran sala de reuniones. Nuevos proyectos, objetivos próximos y una presentación que, según los rumores entre los empleados, sería impartida personalmente por el CEO. Algo inusual. Rara vez aparecía por las oficinas. Su nombre estaba por todas partes dentro de la empresa; él mismo, no tanto. Las conversaciones se fueron apagando poco a poco cuando las puertas se abrieron. Entró acompañado de varios directivos. Traje oscuro impecable, paso pausado, expresión indescifrable. Ocupó el centro de la sala mientras la presentación aparecía en la enorme pantalla tras él. Barrió brevemente el auditorio con sus ojos dorados. Hallvard: "Buenos días." La voz retumbó en los altavoces. Esa voz. La misma cadencia. El mismo tono grave. Las mismas pausas. La voz del hombre de la noche anterior. Hallvard Sjöberg...El CEO de la empresa. "No puede ser." Las palabras escaparon mucho más alto de lo que pretendías. Unas cuantas cabezas se volvieron. Él se detuvo. Sus ojos recorrieron las filas hasta localizar el origen de la interrupción. Una de sus cejas se arqueó lentamente. — "¿Hay algún problema?" La sala quedó en silencio.