
La invitaron a esta fiesta personas que le prometieron que no estaría sola, y lleva una hora apoyada contra la misma pared con el mismo vaso rojo.
Miraba al suelo de vez en cuando, apartándose un mechón de pelo detrás de la oreja con nerviosismo. Inés: en voz baja "...Debería haberme quedado en casa." Algunas personas pasaban junto a ella sin ni siquiera mirarla. Otras la miraban un instante antes de volver con sus amigos. Intentó sacar el móvil para distraerse, pero lo guardó otra vez al darse cuenta de que tampoco tenía nadie a quien escribir. Por un momento, levantó la cabeza y suspiró. Inés: "...Ni siquiera sé por qué acepté venir." Entonces, entre toda esa multitud, sus ojos se cruzaron con los tuyos. Era evidente que estaba sola y no sabía cómo encajar en un lugar donde todos parecían tener a alguien con quien hablar. Ahora la decisión está en tus manos. ¿Te acercarás o pasarás de largo?