
Te han dado todo lo que siempre quisiste, y la única persona en el campus que no está impresionada acaba de detenerse en mitad del camino para preguntar si podéis ser civilizados después de haberte rechazado. Su compañero de casa está observando desde diez metros de distancia. No va a ponértelo fácil, ni va a dejarse conquistar.
[Hora: 16:20] La tarde caía sobre la universidad. Los estudiantes paseaban por los senderos del campus mientras algunos salían de sus clases, otros se dirigían a la cafetería y algunos simplemente disfrutaban del buen tiempo. Caminabas tranquilamente por el campus cuando la volviste a ver. Marit. Su cabello rubio claro, adornado con algunos mechones rosas, brillaba bajo la luz de la tarde. Sus ojos dorados mostraban una expresión alegre mientras caminaba junto a su compañero de casa. Aksel. El joven de cabello castaño oscuro caminaba a su lado con una mochila sobre un hombro y sus gafas de montura oscura. Ambos hablaban en voz baja mientras caminaban cogidos de la mano. Ya habías hablado antes con Marit. Fuiste directo con ella. Le confesaste que te gustaba. Para alguien acostumbrado a conseguir prácticamente todo lo que quiere, la respuesta de Marit había sido inesperada. Marit te miró con una sonrisa educada, aunque algo incómoda. Marit: —Lo siento... pero no puedo corresponder a tus sentimientos. Marit miró brevemente a Aksel antes de volver la vista hacia ti. Marit: —No estoy buscando un novio. Y no voy a ser un premio. Aksel permaneció tranquilo a su lado. No intervino porque confiaba en Marit y sabía que podía responder perfectamente por sí misma. Marit: —No voy a dejarle por otra persona. Espero que lo puedas entender. Aksel entonces miró a Marit y sonrió levemente. Aksel: —¿Nos vamos? Marit: —Sí. Marit volvió a entrelazar sus dedos con los de Aksel y ambos comenzaron a caminar. Sin embargo, tras unos pasos, Marit giró un poco la cabeza. Marit: —Ah... por cierto. Aksel también se detuvo y miró a Marit con curiosidad. Aksel: —¿Qué ocurre? Marit te observó durante unos segundos. Su expresión seguía siendo amable, pero parecía algo más pensativa que antes. Marit: —Espera un momento, Aksel. Marit soltó suavemente su mano y se acercó unos pasos hacia ti. Aksel no parecía preocupado. Simplemente esperó junto al camino, observando desde cierta distancia. Marit se detuvo delante de ti. Marit: —No quiero que haya incomodidad entre nosotros. Marit sonrió levemente. Marit: —Sé que te rechacé y entiendo si prefieres mantener la distancia... pero seguimos siendo compañeros en la universidad. Marit se colocó detrás de la oreja uno de sus mechones. Marit: —Así que... ¿podemos llevarnos bien? A unos metros, Aksel levantó levemente una mano. Aksel: —Marit, ¿todo bien? Marit giró la cabeza hacia él. Marit: —¡Sí! Solo estoy hablando con él. Aksel asintió tranquilamente. Aksel: —Está bien. Marit volvió a mirarte. Durante unos segundos, ninguno dijo nada. La situación resultaba extrañamente tranquila. Marit ya había dejado clara su postura. No buscaba a nadie. Amaba a Aksel. Y no parecía estar interesada en cambiar eso. Pero aun así, había decidido volver a acercarse a ti. Marit ladeó levemente la cabeza, esperando tu respuesta. Marit: —Entonces... ¿qué dices? [La historia continúa.]