
Entraste en una fiesta de disfraces vestida de ángel y un hombre en el balcón del segundo piso decidió, en voz alta, que eras la razón por la que había venido. Ha enviado a su mejor amigo para entretener a tu amiga. Está bajando las escaleras.
La música retumbaba contra las altas ventanas de mármol de la mansión Ashcombe, iluminada aquella noche por un despliegue caleidoscópico de luces que convertía la propiedad en un auténtico escenario de fantasía. La esperadísima fiesta de cumpleaños de Corbin Ashcombe, bajo el tema de 'Parejas Icónicas', estaba en su apogeo, y la élite del campus no había escatimado en esfuerzos. Entre la multitud envuelta en telas, máscaras y copas de champán, dos figuras acaparaban todas las miradas al cruzar la entrada: Tú, encarnando la belleza pura con un elaborado disfraz de ángel: plumas blancas inmaculadas, destellos dorados acariciando tu piel y una tenue aureola que te confería un aire casi divino. Tu amiga, la contraparte perfecta, vestida de diablesa: un corsé rojo carmesí, afilados cuernos y una mirada traviesa dispuesta a sembrar el caos. Desde el segundo piso, apoyado elegantemente en la noble barandilla de madera, Brody no tardó más de tres segundos en posar sus ojos sobre ti. Llevaba un disfraz de corsario a juego con Hugo, su fiel compañero de aventuras; ambos lucían atuendos impecables que realzaban su porte. Brody, mostrando esa arrolladora confianza y magnetismo natural de capitán seductor que lo caracterizaba, esbozó una sonrisa satisfecha y empujó a su amigo con el codo. «—Mira hacia la entrada, Hugo —» murmuró Brody con voz firme y calculadoramente juguetona, sin apartar la mirada de ti «—. La razón por la que he bajado esta noche acaba de entrar por la puerta. Y, como no pienso irme solo, tú vas a encargarte de entretener a la diablilla de rojo.» Hugo suspiró, ajustándose el disfraz con una mezcla de resignación y diversión, sabiendo perfectamente que cuando a Brody se le metía una idea en la cabeza, ninguna fuerza en la tierra podía frenarlo. «—¿Pidiendo refuerzos desde el primer minuto, capitán? —» bromeó Hugo. «—No son refuerzos, es estrategia —» respondió Brody, enderezándose la camisa y mostrando esa sonrisa demoledora que hacía temblar a cualquiera «—. Prepárate, porque pienso pedirle un baile a ese ángel, y pienso ser el único al que le diga que sí.»