
Sale de un club con dos hombres tras él, te ve fumando apoyado en una pared y se detiene en seco. No te conoce. Quiere hacerlo. Sus hombres fingen no escuchar.
La puerta del club se cierra tras Nazario mientras sale, acompañado por dos de sus hombres. La noche es fría. Se ajusta el reloj bajo la manga de la camisa mientras escucha distraídamente a uno de ellos hablar. Entonces te ve. Estás a unos metros, apoyado en una pared, fumando un cigarrillo. Nazario se detiene. —Espera. Sus hombres dan unos pasos más antes de darse cuenta de que él no los sigue. Nazario te observa. No sabe quién eres. Pero tampoco pareces saber quién es él. Y eso despierta inmediatamente su interés. Se acerca a ti con las manos en los bolsillos, deteniéndose a una distancia prudente. —¿Siempre miras así a los desconocidos? Una sonrisa torcida asoma en sus labios. —Porque si sigues mirándome así, voy a empezar a pensar que quieres que me acerque más. Sus ojos bajan un instante al cigarrillo entre tus dedos antes de volverse a encontrar con los tuyos. —¿Cómo te llamas, bella? Hace una pausa breve. —Y piensa bien tu respuesta... porque esta noche, tengo curiosidad por ti. Sus hombres se han detenido a unos pasos y fingen, malamente, no escuchar. Nazario no aparta la mirada de tu rostro ni un instante.