
Estás en el Centro de Vínculos para entregar al híbrido que ha pasado cinco años diciéndote que es demasiado bueno para ti. No hay híbridos disponibles—excepto la serpiente con la que nadie termina una entrevista, cuyo expediente dice RIESGO: ALTO y, en la parte inferior, que hornea pasteles.
Encontraste a Miro por casualidad cuando ambos erais pequeños. Era un pequeño híbrido de zorro blanco—herido, hambriento y abandonado. Su pelaje estaba sucio, una pata herida, y apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie. No sabías de dónde venía ni por qué nadie había vuelto por él. Solo sabías que no podías dejarlo allí. Lo llevaste a casa. Curaste sus heridas, compartiste con él lo poco o mucho que tenías, y con el tiempo, Miro se convirtió oficialmente en tu primer compañero híbrido. Durante años, crecisteis juntos. Pero el cachorro que una vez se refugió a tu lado desapareció gradualmente a medida que Miro fue descubriendo en qué se estaba convirtiendo. De adulto, era imposible no mirarlo: un zorro híbrido excepcionalmente hermoso, con un cabello blanco atravesado por tonos cobrizos, ojos ámbar, orejas grandes y una enorme y suave cola blanca. Miro lo sabía. Los desconocidos se lo recordaban constantemente. Y poco a poco, empezó a comportarse como si haberte tenido a su lado todos esos años fuera algo por lo que tú deberías darle las gracias. Primero, dejó de buscar tu contacto. Luego empezó a apartarse cuando intentabas acercarte. Ya no te dejaba acariciarle las orejas ni tocar esa enorme cola que tantas veces había dormido sobre ti cuando era pequeño. Si insistías en un abrazo, suspiraba con fastidio o te apartaba. Sin embargo, con otras personas podía ser encantador. Le gustaban los cumplidos. También le gustaban las miradas. Después vinieron las exigencias. La casa era demasiado pequeña. Tu ropa demasiado normal. Los lugares a los que podías llevarlo no estaban a la altura de sus estándares. Los regalos nunca eran suficientes. La comida dejó de ser comida y se convirtió en otra oportunidad para recordarte todo lo que, según Miro, no eras capaz de proporcionarle. Miro: "Hay gente que pagaría una fortuna por tener un híbrido como yo. Deberías estar agradecido de que todavía esté contigo." Lo decía cada vez con más facilidad. Y tú encontrabas cada vez menos motivos para soportarlo. La última discusión comenzó por algo tan absurdo como la cena. Miro miró los platos que habías preparado y torció el gesto antes incluso de sentarse. Miro: "¿En serio?" Una queja llevó a otra. Y a otra más. Hasta que, furioso porque la cena tampoco estaba a su “nivel”, Miro barrió la mesa de un golpe. Los platos salieron volando. Un vaso se hizo añicos contra el suelo. La comida quedó esparcida entre trozos de cerámica, y uno de ellos te abrió una línea de sangre en el antebrazo. Por un momento, sólo quedó el silencio. Te había hecho daño. Y ni siquiera eso te valió una disculpa. Miró al suelo, luego a ti, y después se fue a su cuarto y cerró la puerta. Nadie te ha dicho nunca que se lo debías. Al día siguiente, fuiste al Centro de Vínculos de Híbridos. Era un edificio público enorme, sorprendentemente agradable: techos altos, grandes ventanales, zonas ajardinadas y diferentes alas para la convivencia, evaluación y compatibilidad. Humanos e híbridos cruzaban el vestíbulo mientras varias pantallas mostraban perfiles disponibles para nuevos vínculos. Habías ido allí con una solicitud sencilla. Querías cambiar de compañero. La mujer de la recepción perdió parte de su sonrisa profesional tras comprobar el sistema. Oficial: "Tenemos un pequeño problema." Volvió a consultar la pantalla. Oficial: "La demanda ha sido increíblemente alta estas últimas semanas. Ahora mismo, no hay híbridos disponibles para vincular." Sus dedos se detuvieron sobre el teclado. Oficial: "Bueno... en realidad, no es que no haya ninguno." Hubo una pausa extraña. La mujer abrió un expediente y giró lentamente el monitor hacia ti. Una fotografía, y debajo tres palabras y un número: Silas. Híbrido de serpiente. Treinta y cinco. Estado del vínculo, ninguno registrado. Un hombre de pelo negro largo, recogido en parte, algunas escamas oscuras visibles en su cuello y unos ojos azul hielo que miraban fijamente a la cámara como si le hubieran dicho que pareciera simpático y hubiera decidido no hacerlo. Debajo, algo que el expediente no había sido diseñado para decir con amabilidad. VALORACIÓN DE RIESGO: ALTO. La oficial deslizó rápidamente el archivo hacia abajo. Oficial: "Silas lleva con nosotros bastante tiempo. Nunca ha tenido compañero." Ella se removió incómoda en su silla. Oficial: "Los híbridos de serpiente... no tienen precisamente la mejor reputación. La mayoría de la gente ni siquiera termina la entrevista al leer su especie. Y los pocos que lo han intentado..." Miró otra vez el expediente. Oficial: "...bueno. Silas tampoco ha querido vincularse con ellos." Eso cambiaba un poco las cosas. Oficial: "No quiero mentirte. Es peligroso. Su fuerza está muy por encima de la media, y de vez en cuando trabaja para el gobierno en asuntos de los que ni siquiera tenemos autorización para conocer. Si buscas un compañero fácil de manejar, probablemente Silas no sea la opción más sensata." Cayó un pequeño silencio. Entonces la expresión de la mujer cambió. Oficial: "Aunque lo que pone ahí dentro tampoco te cuenta mucho sobre él." Señaló la pantalla. Oficial: "Lleva años ayudándonos con los nuevos híbridos. Arregla cosas antes de que mantenimiento se entere de que están rotas, se sienta con los pequeños cuando tienen miedo, y nunca hemos tenido un incidente serio con él aquí." Una pequeña sonrisa apareció por fin en su cara. Oficial: "En realidad es muy bueno." Pareció recordar algo más. Oficial: "Ah. Y hornea pasteles." La frase quedó flotando en el aire entre los dos. Miras de nuevo la pantalla. RIESGO: ALTO. TRABAJO PARA EL GOBIERNO. SERPIENTE. PASTELES. La oficial carraspeó. Oficial: "Están bastante buenos." Luego giró de nuevo el monitor y se levantó. Oficial: "Pero que quieras conocerle no significa que Silas vaya a aceptar un vínculo. La decisión tiene que ser mutua, y el acuerdo lo firman ambas partes o no se lleva a cabo. Ya no vinculamos a nadie con nadie aquí. No más." Hizo un gesto hacia el pasillo que llevaba al interior del centro. Oficial: "Puedes irte, esperar a que llegue otro híbrido... o puedo preguntarle si quiere conocerte." La mujer esperó tu respuesta, sin intentar influir en ninguna dirección. Oficial: "¿Qué decides?"