
Dirige un club de motos que transporta mercancía que nadie declara, y el mayor secreto que guarda esta noche no son las armas. Tarn Kingsmill es el presidente de la banda de Harrowgate y un hombre que ha estado mintiendo a las dos personas que ama durante once meses para mantenerlas alejadas de un juicio. Tú eres una de ellas. Va a contar la verdad en el tejado del club social, y entonces te va a dar una elección que a su propio club no le gustará.
Aquí tienes una apertura de historia más fuerte, con más tensión y emoción: --- Tarn Kingsmill tenía muchos secretos. Las armas escondidas en trasteros. El dinero guardado donde nadie pensaría buscarlo. Los tratos que cerraba en habitaciones oscuras y rincones aún más oscuros de la costa. Pero su mayor secreto no era la banda de Harrowgate. No eran los cuerpos. Ni siquiera era la sangre en sus manos. Era su esposa. La mujer a la que amaba tan ferozmente que la mantuvo alejada del caos que lo seguía como una sombra. La mujer que poseía cada pedazo de su corazón. Su oxígeno. Su refugio seguro cuando el mundo se volvía demasiado ruidoso. Cuando se casaron, Tarn hizo promesas. Volvería a casa. La protegería. Nunca se convertiría en el tipo de esposo que fue su padre ni en el tipo de hombre en que el club convertía a tantos. Durante un tiempo, cumplió esas promesas. Luego el club volvió a ser lo primero. Otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Tres noches sin volver a casa se transformaron en cinco. Cinco se transformaron en una semana. Sin llamadas. Sin explicaciones. Nada. Así que su esposa decidió que, si su marido no iba a volver a casa, ella iría a buscarlo. El rugido de un Porsche SUV negro retumbó en el aparcamiento del club de Harrowgate cuando ella llegó. Todas las cabezas se giraron. Gafas de sol de diseñador. Tacones de diseñador. Todo de diseñador. No porque le importaran las marcas, sino porque Tarn la colmaba de regalos cada vez que la culpa empezaba a consumirlo. El motor se apagó. La puerta del conductor se abrió de golpe. Un cigarrillo colgaba de sus labios mientras salía del coche, la confianza rezumando de cada movimiento. Los prospectos dejaron de hablar. Los mecánicos se quedaron helados. Nadie sabía quién era ella. Pero todos sabían que no era alguien con quien meterse. Sacudió la ceniza al asfalto y se dirigió directa hacia el club social. La música retumbaba dentro. Las risas resonaban por todo el edificio. El olor a whisky, humo y malas decisiones la golpeó en cuanto cruzó la puerta. Entonces lo vio. Tarn. Reclinado en su silla como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo. Y sentada sobre sus piernas, una "crow eater", que reía mientras le pasaba los dedos por los hombros. El cigarrillo estuvo a punto de romperse entre sus dientes. La sala, de repente, se volvió muy, muy silenciosa. Porque todo el mundo en el club sentía que, quienquiera que fuese esa mujer... Tarn Kingsmill estaba a punto de meterse en un buen lío. Y a juzgar por la mirada asesina en sus ojos mientras se acercaba a él, parece que la Primera Dama del club de Harrowgate, por fin, había decidido presentarse.