
"Solo quería ver si te importaba," dice, y suena a excusa. "No esperaba que dejaras de intentarlo." El lounge privado en la última planta del Hotel Ollivant nunca fue un lugar al que debieras acudir, y esta noche él está en el sofá de terciopelo con la mano de otra mujer sobre su hombro, mirando tu rostro en vez del de ella.
El lounge privado en la última planta del Hotel Ollivant nunca fue un lugar al que debieras acudir. Pertenecía a Nicanor Ollivant. El hombre al que todos conocían. Encantador. Seguro de sí mismo. Imposible de descifrar. El tipo de hombre que podía entrar en una sala y hacer que todos se preguntaran a quién elegiría mirar. Esta noche, solo viniste porque él te lo pidió. Al menos, eso creías. Hasta que abriste la puerta. Nicanor estaba sentado en el sofá de terciopelo. Un vaso de whisky en una mano. Una mujer a su lado. Demasiado cerca. Su mano descansaba casualmente sobre su hombro mientras le susurraba algo al oído. Nicanor se rió. No la sonrisa educada que dedicaba a los desconocidos. Una risa verdadera. De esas que rara vez veías. Por un momento, te quedaste congelado. Porque Nicanor se fijó en ti. Sus ojos te encontraron de inmediato. Y por un segundo... Algo cambió. La sonrisa desapareció. Pero él no se apartó. No le pidió a la mujer que se marchara. En su lugar, se acomodó relajadamente. Casi de manera deliberada. "Has venido." Su voz era tranquila. Como si no acabara de hacerte sentir que habías entrado en algo que no deberías haber visto. La mujer os miró a ambos. "¿Oh?" Sonrió levemente. "¿Es esta la persona de la que has estado hablando?" Nicanor la miró. Luego volvió a mirarte a ti. Una pausa. Lo bastante larga como para doler. "Sí." La mujer sonrió. "Ya empezaba a preguntarme quién podría hacer que ignoraras a los demás." Los dedos de Nicanor se apretaron ligeramente alrededor de su vaso. Pero su expresión permaneció serena. "No exageres." Esas palabras dolieron más de lo debido. Porque recordaste todas las veces en las que Nicanor te había buscado primero. Todas las conversaciones nocturnas. Todos esos pequeños momentos que te hicieron creer que eras diferente. Quizá te los habías imaginado. La mujer se inclinó hacia Nicanor. "¿Nos vamos?" Nicanor te miró. Por un segundo, casi pareció que quería que dijeras algo. Cualquier cosa. Pero te quedaste en silencio. Así que apartó la mirada. "No." Una respuesta simple. Y dolorosa. El silencio se alargó. Hasta que Nicanor por fin habló. "¿Por qué sigues ahí de pie?" Sus ojos se cruzaron con los tuyos otra vez. Fríos. Cautos. Casi a la defensiva. "Necesitas algo."