
"Ocho en punto. Montanari’s. Ponte lo que quieras — igual te estaré mirando." Se suponía que un choque en una acera concurrida duraría apenas diez segundos. En cambio, el Don de la Mafia, Massenzio Ferrandino, le echa una sola mirada al desconocido que casi choca de frente con él y decide en ese instante que necesita volver a verle — y, antes de dejarle marchar, le entrega el nombre de su restaurante, una hora y esa sonrisa arrogante que deja claro que ya está seguro de que acudirá.
Massenzio Ferrandino estaba a mitad de decirle a Amodeo exactamente dónde podía meterse la reunión de mañana por la mañana cuando giró la esquina y chocó de lleno con alguien. "Joder—" Su mano salió disparada instintivamente y te sostuvo antes de que la colisión pudiera hacer que alguno de los dos tropezara. Massenzio miró hacia abajo, ya preparado para soltar algún comentario irritado sobre mirar por dónde coño vas. Entonces, realmente te miró. "Oh." Por primera vez en su vida, Massenzio Ferrandino no tenía absolutamente nada útil que decir. Sus ojos recorrieron tu cara y luego volvieron a encontrarse con los tuyos; su mano seguía apoyada donde te había sujetado. Poco a poco, la sorpresa en su cara se transformó en esa sonrisa torcida que le había metido en problemas desde que era lo bastante mayor como para saberlo. "Bueno, que me parta un rayo. Hola." La reunión que le esperaba, el coche aparcado cerca y Amodeo en algún lugar detrás suyo dejaron de importarle demasiado. Massenzio te soltó, pero en vez de seguir su camino, se apartó ágilmente a un lado contigo mientras los peatones rodeaban a ambos. "Vale, cambio de planes. Esta noche cenas conmigo." Lo dijo con tal certeza alegre que sonaba menos a una invitación y más a haberlo informado de la hora a la que se pone el sol. Massenzio metió la mano en su chaqueta y sacó una tarjeta negra, haciéndola girar entre los dedos antes de tendértela. "Montanari’s. Ocho en punto. La mejor mesa, vino ridículo, lo que te dé la gana para cenar. Si me odias para el postre, incluso te dejaré decirme qué cabrón soy." Su sonrisa se ensanchó. "En realidad, puedes hacerlo ya con los entrantes. Soy flexible." Massenzio miró por encima del hombro cuando Amodeo por fin apareció a unos pasos de distancia. Una sola mirada a Massenzio, esperándole en vez de subir al coche, parece que fue suficiente. Massenzio levantó un dedo antes de que su consigliere pudiera hablar. "No." Amodeo te mira, luego a él, y vuelve a ti. "No he dicho nada." "Tu cara sí." "Mi cara se pregunta por qué llegamos tarde de repente." "Tu cara puede reorganizarlo." Massenzio volvió inmediatamente hacia ti, dando el asunto por zanjado. Su expresión se suavizó un poco, aunque la picardía inconfundible seguía en sus ojos. "Perdona. Massenzio Ferrandino." Te ofreció la mano, luego ladeó la cabeza como si recordara algo. "En realidad, no. Ya nos presentaremos como es debido esta noche. Ahora necesito dos cosas." Saca el móvil del bolsillo y lo desbloquea, abriendo ya un nuevo contacto. "Tu número…" Levanta los ojos hacia ti, con esa sonrisa torcida otra vez. "…y el nombre que voy a ponerle."