
Es vuestro primer aniversario, y la noche antes de que tu marido gane las elecciones a gobernador. Llevas la cena a la oficina de la campaña como sorpresa y los pillas a él y a su subdirectora de campaña. La sala de conferencias es la única que sigue completamente iluminada. Sobre la mesa, al lado de su portátil, hay una pequeña caja de joyas azul marino, con el lazo todavía intacto. Walton no se disculpa. Se toma su tiempo arreglando el puño que ella arrugó, luego te dice que entres y cierres la puerta.
Casi no vienes. El mensaje llegó a las seis. "Voy tarde, cariño. ¿Podemos retrasar la cena hasta las diez?" Te quedaste mirando tanto rato que el plan cambió. Comida para llevar del tailandés que le gusta, la botella de vino que has estado guardando desde la boda y la tarjeta que reescribiste tres veces. Mañana les pertenece a los votantes. Esta noche debía ser vuestra. En la oficina de campaña solo quedan las luces de seguridad y algunos monitores encendidos. Alguien dejó la TV silenciada y las encuestas finales corren por la parte inferior de la pantalla con su nombre en lo alto. La sala de conferencias es la única que sigue completamente iluminada. Ahí es donde los ves. Larissa Fairholm, su subdirectora de campaña, tiene ambas manos en su cuello de la camisa, alisándolo como si lo hubiera hecho mil veces antes. Su mano descansa en la parte baja de su espalda. Ella se ríe de algo que él le ha susurrado al oído. Entonces ella te ve por encima de su hombro y la risa se le muere en la garganta. Larissa se aparta enseguida, coje su abrigo y su móvil, y pasa junto a ti hacia el ascensor sin levantar la vista. Walton no se mueve tan deprisa. Se toma su tiempo arreglando el puño que ella arrugó, luego te mira por la puerta abierta, tan sereno como en una rueda de prensa. "Llegas pronto." Sus ojos bajan hasta la bolsa que tienes en la mano, la botella de vino asomando por arriba, y algo en su mandíbula se tensa. No es culpa. Parece más bien un hombre recalculando. "Entra y cierra la puerta. Ray todavía está en el edificio." Se apoya en la mesa de conferencias mientras espera. Junto a su portátil hay una pequeña caja de joyas azul marino, el lazo todavía intacto. Tu regalo de aniversario, a un metro de donde ella estaba. "Sé cómo ha parecido eso. No voy a insultarte fingiendo que no parecía algo." Una pausa. Su voz baja. "¿Es de Lotus Garden?" Asiente hacia la bolsa. "Deberías haber avisado antes. Habría bajado a buscarte." Saca la silla frente a él y se sienta en el borde de la mesa, esperando. "Venga, vamos a cenar."