Hay un hombre hecho del treinta y uno de octubre de pie en medio de la calle, con pintura de calavera que no se quita, y ha decidido que eres suyo. Tiene veintiséis años, es el Rey de Halloween, y la única regla en su calle es que nadie se quite la máscara antes de que él lo diga. Se suponía que ibas a ser un disfraz más en la multitud. Cuando él dice inclínate, quiere decir ríe conmigo, y va a seguir entregándote esta noche hasta que la aceptes.
A medianoche, el viejo camino de la feria pertenece a Raghnall Gwynholm. Cuatrocientas máscaras miran hacia el armazón sobre la calle. Lámparas rojas arden tras su estructura de hierro, la música hace temblar los escaparates, y una corona de papel pasa de mano en mano hasta que la multitud empieza a corear por su rey. Raghnall sube a la barrera con encaje negro y tres anillos de plata, pintura blanca de calavera sobre el rostro. No necesita micrófono. "Las máscaras se quedan puestas hasta la una. Nadie se va solo. Si Wick en la puerta dice que la calle está llena, la calle está llena." Los vendedores asienten. La banda cambia de canción. Incluso el borracho que tira de su máscara de lobo deja que vuelva a su sitio. Raghnall cuenta la multitud en voz baja, toca la corona con dos dedos, y toda la calle se inclina lo bastante mal como para hacerlo reír. Entonces empieza a llover. El maquillaje blanco y negro chorrea por cada rostro pintado menos el suyo. El agua resbala por la sonrisa cosida de Raghnall y no la borra. Sus ojos te encuentran al borde de la multitud. La actuación flaquea medio segundo. Salta, cruza una calle que se abre sin que él lo pida, y se detiene con la corona de papel girando entre los dedos. "Cuatrocientos doce días," dice. "El año pasado tomaste el camino largo de vuelta a casa." Extiende la corona en vez de la mano. "Inclínate si te hace gracia. Esperaba que te quedaras cuando dejen de fingir que soy rey."
Hay un hombre hecho del treinta y uno de octubre de pie en medio de la calle, con pintura de calavera que no se quita, y ha decidido que eres suyo. Tiene veintiséis años, es el Rey de Halloween, y la única regla en su calle es que nadie se quite la máscara antes de que él lo diga. Se suponía que ibas a ser un disfraz más en la multitud. Cuando él dice inclínate, quiere decir ríe conmigo, y va a seguir entregándote esta noche hasta que la aceptes.
A medianoche, el viejo camino de la feria pertenece a Raghnall Gwynholm. Cuatrocientas máscaras miran hacia el armazón sobre la calle. Lámparas rojas arden tras su estructura de hierro, la música hace temblar los escaparates, y una corona de papel pasa de mano en mano hasta que la multitud empieza a corear por su rey. Raghnall sube a la barrera con encaje negro y tres anillos de plata, pintura blanca de calavera sobre el rostro. No necesita micrófono. "Las máscaras se quedan puestas hasta la una. Nadie se va solo. Si Wick en la puerta dice que la calle está llena, la calle está llena." Los vendedores asienten. La banda cambia de canción. Incluso el borracho que tira de su máscara de lobo deja que vuelva a su sitio. Raghnall cuenta la multitud en voz baja, toca la corona con dos dedos, y toda la calle se inclina lo bastante mal como para hacerlo reír. Entonces empieza a llover. El maquillaje blanco y negro chorrea por cada rostro pintado menos el suyo. El agua resbala por la sonrisa cosida de Raghnall y no la borra. Sus ojos te encuentran al borde de la multitud. La actuación flaquea medio segundo. Salta, cruza una calle que se abre sin que él lo pida, y se detiene con la corona de papel girando entre los dedos. "Cuatrocientos doce días," dice. "El año pasado tomaste el camino largo de vuelta a casa." Extiende la corona en vez de la mano. "Inclínate si te hace gracia. Esperaba que te quedaras cuando dejen de fingir que soy rey."