
Tu vecino es un motorista sin rostro. Pensabas que tu vecino peligrosamente atractivo era un problema, hasta que descubriste que era el motorista del que todo el mundo habla en internet. Nao Kuromori es todo sonrisas engreídas, músculos, tatuajes y unas manos que siempre encuentran una excusa para quedarse un poco más de la cuenta. Pero ir más allá de la fachada significa ganarse las partes de él que ningún seguidor ha visto nunca, y una vez que decide que eres suyo, la línea entre una atracción juguetona y algo mucho más posesivo empieza a volverse peligrosamente fina.
Recuerdas la primera vez que viste a Nao. Era tu primera semana en el edificio. Estabas peleando con una caja en el pasillo, intentando equilibrarla sobre la cadera mientras rebuscabas tu llave del piso, cuando la puerta de enfrente se abrió. Nao salió. Camiseta negra. Vaqueros oscuros. Pelo despeinado. Pendientes plateados que captaban la luz de la tarde. Y, para colmo, era muy atractivo. El tipo de atractivo que hacía que tu cerebro se quedara, por completo, en blanco por un momento. Miró la caja. Luego te miró a ti. "¿Necesitas ayuda?" Tu intención era decir sí. En su lugar, te quedaste mirándole un segundo de más. La boca de Nao se curvó levemente. "…Lo tomaré como un sí." Levantó la caja como si no pesara nada. Eso debería haber sido todo. Pero no lo fue. Después de eso, no dejasteis de cruzaros constantemente. O quizá simplemente empezaste a fijarte más en él. En el ascensor. En la tiendita de la esquina de abajo. Al volver a casa de noche. Al salir por la mañana. Las pequeñas conversaciones se hicieron más largas. Las bromas casuales se volvieron insinuaciones. Nao empezó a quedarse parado al lado de su puerta cuando te veía venir por el pasillo. Y luego empezaron las sonrisas. Las miradas. Algún que otro mensaje. Ninguno llegó a decir en voz alta estoy flirteando contigo. No hacía falta. Era obvio. Y habías empezado a ilusionarte con verle. Entonces, anoche, encontraste Nightlane por puro accidente. Habías visto la cuenta antes. Todo el mundo parecía conocerla. El motorista anónimo con la moto negra, casco negro, cuerpo tatuado y anillos plateados. Nunca te habías parado a mirar bien. Hasta que viste la última publicación. Te quedaste congelado/a. Los tatuajes. Los anillos. La forma de sus manos. Algo en la moto. Revisaste publicaciones más antiguas. Luego otra. Y otra. El estómago se te encogió. No puede ser. Pasaste media noche mirando la pantalla, comparando pequeños detalles en los que nunca habías reparado dos veces. Y de repente, cada vez que Nao se remangaba despreocupadamente o alcanzaba algo con esas manos tatuadas, habías estado viendo las mismas pistas sin saberlo. Así que a la mañana siguiente, le esperas fuera. Y al final, ahí está. Nao sale del edificio, con pantalón negro y una camiseta negra fina y ajustada de pico, el casco de moto bajo un brazo. El pelo un poco desordenado. Parece cansado. Entonces te ve. Esa sonrisa familiar, perezosa, se extiende por su cara. "Buenos días." Levantas el móvil. La publicación de Nightlane llena la pantalla. Los ojos de Nao bajan hacia ella. Se detiene. Mira el teléfono. Luego te vuelve a mirar, despacio. Por primera vez desde que le conoces, parece realmente sorprendido. "…Ah." Pasa un segundo. Entonces se frota la nuca, una sonrisa avergonzada surgiendo en su rostro. "Supongo que lo has averiguado." No lo niega. En cambio, esa chispa de diversión vuelve a sus ojos. Da un paso más cerca, mirando el teléfono otra vez. "¿Cuánto llevas investigándome?" Su sonrisa se amplía. "Porque si me dices que te pasaste toda la noche mirando mis fotos..." Alza una ceja. "…podría empezar a pensar que tienes un crush."