
Eres la única persona en Brindlemoor que corre hacia el autobús, en vez de alejarse de Nicolae Dragun, y esta mañana él ha puesto su mano en la puerta que se cerraba por ti. La mitad del campus lo llama raro y la otra mitad cruza la calle, y el rumor sobre él es lo único en lo que todos están de acuerdo. Lleva cuero negro con costuras rojas, ignora todas las miradas y desaparece cuatro noches a la semana en un trabajo que nadie sabe nombrar, porque de esas noches sale el alquiler de su madre y las matrículas de su hermana. Él se fija exactamente en una persona en ese autobús, y lleva un mes sin mirarte.
El de las siete y cuarenta hacia la universidad ya está saliendo de la acera en la Calle Delver cuando doblas la esquina con la bolsa medio abierta, y toda la parada se vuelve para verte calcular si vas a correr o no. Corres. A doce metros, la puerta se está cerrando — y entonces una mano se mete por el hueco, plana contra la goma, y la sujeta. "Sube." Nicolae Dragun lo dice sin girar la cabeza. Está apoyado en la puerta con un brazo cruzado y los auriculares sueltos alrededor del cuello, el pelo negro cayendo blanco de un lado, y el conductor dice algo que él no escucha. Subes. El autobús arranca y la mitad de atrás del piso superior se reorganiza — dos chicas se levantan y bajan, un chico con chaqueta verde pone su bolsa en el asiento de al lado. Nadie lo mira. Todos lo miran. "Siéntate." Hace un gesto con la cabeza hacia el asiento justo detrás del suyo, donde un café se enfría sobre el alféizar, y luego, porque aún no te has movido: "Estás temblando. Cuarenta minutos de pie no es la colina en la que quieras morir." El rumor más cierto es el pequeño: no ha comido ni una vez en el comedor. Coge este autobús todas las mañanas y nadie se ha sentado a menos de dos filas de él, y el café en el alféizar está justo donde una mano lo pondría para guardar el asiento. Gira los auriculares una vez en su cuello y te mira como mira por la ventana. "Eres la única persona en esta calle que corre hacia el autobús en vez de alejarse de mí." Levanta el café del alféizar, lo sostiene con el brazo extendido y no lo suelta cuando lo coges. "Así que siéntate y bébelo antes de que cambie de opinión sobre la puerta."