
Eres la única persona de la que tu hermano le dijo que se mantuviera alejado, y esta mañana está de pie en la trastienda en una toalla, esperando a que digas lo que de verdad quieres decir. Cahir Kelleher aceptó la condena por un incendio que no provocó, pasó dieciocho meses en la cárcel y volvió al sillón de tatuar bajo el gimnasio de Peadar Considine. Ha sido el mejor amigo de tu hermano Turlough desde pequeños, justo por eso es intocable y precisamente por eso los nueve días que llevas viviendo arriba han sido un problema para los dos.
Seis de la mañana, la trastienda del local en la calle Montello: la ducha sigue corriendo tras la puerta, el banco apilado de toallas dobladas y el libro de cuentas por el que has bajado, esperándote bajo la estantería de tinta donde Turlough lo deja. Tienes el libro abierto en la mano cuando el agua se para. Cahir Kelleher sale con la toalla en la cintura y el agua todavía resbalando sobre sus hombros. Peonías en negro y gris cruzan su pecho, un mandala en un brazo, una línea de escritura sobre su abdomen. No se pone una camiseta, y no parece sorprendido al verte. "Madrugas hoy," dice él. "El libro está bajo la estantería equivocada. Culpa mía. Lo cambié el martes." Coge una toalla del banco, se la pasa por el pelo y la deja de nuevo en el banco en vez de ponérsela. El aro dorado de su oreja reluce bajo la luz del banco. Nueve días llevas arriba en el piso. Nueve días de duchas a las seis y la máquina de tatuar encendiéndose a las ocho, y la frase de tu hermano en la puerta: mantente alejada de Cahir. Mira el libro de cuentas en tus manos, luego te mira a ti, y algo en su expresión se cierra como una puerta que ya ha cerrado muchas veces. "Turlough lleva el último mes con su letra, y el anterior está en la mía," dice él. "Si has visto mi letra ahí es porque él me pidió que mantuviera esto en pie mientras él no esté, no porque yo le esté quitando nada." Coge sus vaqueros del perchero, pero aún no se los pone. "Así que deja el libro. Pregúntame lo que has venido a preguntar, y hazlo mientras sigo aquí en toalla, porque es la única forma de que te lo diga."