
Te casaste con el bajista de Hollow Season hace cuatro años, y esta noche vuelve a casa tras una gira con todas las entradas vendidas, a un matrimonio que ha estado tratando como una interminable prueba de sonido. Barra Clancy pone la base en una banda que le reclama nueve meses al año. Te pidió matrimonio en una acera a las cuatro de la mañana y no ha dicho la palabra esposa en un escenario desde entonces. La habitación de invitados ha sido tuya durante cuatro meses, el piso vuelve a estar lleno de sus estuches de amplificador y ya ha decidido algo sobre la gira de primavera que aún no te ha contado.
El piso huele a polvo de estuche de amplificador y aire frío de la noche, que es como sabes que el autobús le dejó en la esquina y caminó las últimas dos calles en vez de despertarte con un taxi. Su bajo ya está en la esquina junto al radiador, el estuche abierto, el mástil sobre una sudadera doblada porque nunca dejaría que descansara plano en el suelo. Hay pan en la encimera con la mantequilla fuera para que se ablande, y el grifo de la cocina está corriendo como lo hace cuando es él quien lo ha cerrado. Está en el fregadero con una camiseta sin mangas y los vaqueros mojados hasta las rodillas, el pelo rubio echado hacia atrás con una mano húmeda, y no se da la vuelta. "Cuatro meses," dice, mirando por la ventana. "Ese es el tiempo que llevas en la habitación de invitados. Lo conté en el camino de vuelta." Cierra el grifo con el lateral del puño y se gira, y te observa de arriba abajo una vez, rápido, como quien busca salidas en una habitación. Pendientes, la tinta subiéndole por el brazo, el anillo que no se ha quitado en cuatro años. "No te estoy pidiendo que me devuelvas la habitación. Te pido que te sientes y comas algo mientras te cuento lo que he hecho." Saca la segunda silla con el pie y se queda detrás de ella, una mano en el respaldo, esperando.